lunes, junio 22, 2015

{ 2015 }

A veces pienso en la fragilidad de las cosas, y cuando la veía a ella no podía pensar en otra cosa. Creo que eso ha dejado huella en mi en este último viaje. Ahora que ella se ha marchado y se ha quedado un hueco en el lugar donde mi ilusión se aferraba a la idea de verla fuerte de nuevo, tengo la sensación de que ya no analizo las cosas del mismo modo. Todo me parece estúpido y frío, carente de sentido en muchos aspectos. Veo cosas innecesarias en todas partes. Bienes materiales a los que la gente se aferra para recordar algo en lugar de aferrarse a ese algo cuando lo tienen. Exámenes para los que se debe estudiar solo seis folios de teoría me parecen un absurdo si con eso te puedes jugar una carrera. Mirar la televisión, una perdida de tiempo a nivel intelectual y la perdida de toda curiosidad más allá de la pantalla. Comprar cosas de marca, una forma de aparentar, de querer ser mejor por lo que se tiene y no por lo que se es como persona. Tener cosas caras, caprichos insulsos que al final solo sirven para llenar un vacío emocional y falta de autoestima. La gente se olvida de lo que es importante. Lo veo todos los días. Falta contacto. Falta amor, hacia otros y hacia uno mismo. Faltan abrazos que no terminen, besos sinceros y que se tomen su tiempo, falta voluntad para hacer pensando primero en los demás. Falta lo básico. 

Nos pasamos tanto tiempo de nuestras vidas consiguiendo cosas que nos olvidamos de que lo más importante que tenemos son los seres que nos rodean y las cosas que no se pueden pagar. El afecto que nos da un amigo, una pareja, un familiar, una mascota, una estrella fugaz, la paz del mar, del viento, nada de esto puede comprarse y es lo único que al final nos queda. Recuerdos de momentos bonitos.

Creo que este año 2015 me ha hecho crecer como persona. Me ha hecho ver la importancia de ser feliz sin buscarlo, la importancia de cumplir los sueños y no dejar asuntos pendientes. 


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