viernes, julio 26, 2013

{ corazón }

Cuadrado perfecto, cuadrado gris. Se ve resistente, se ve antinuclear. Esta roto, tiene heridas superficiales, bastante desgastado por la humedad, agrietado y muy sucio. Suelo entrar por donde siempre lo hago. Las puertas simplemente se abren ante mi. Normal, es mío. Los focos se accionan solos, nunca supe donde estaba la caja de luz. Hay que dejarse llevar. El silencio rompe y a pesar de estar sola, estoy en paz, sin miedo y en paz, es agradable. Baja y me voy preparando. Me aprieto los guantes y me coloco bien la ropa. Siempre estoy nerviosa al principio. Los focos siguen ahí, apuntando al centro donde ya por fin esta él. Rojo, de cuero, firme, cinta americana para tapar algún agujero. Estoy preparada, lo siento, noto como sube la duda y como duele por dentro, desgarra por dentro, me rompe y se aprietan mis dientes y golpeo fuerte. Resuena el golpe en la sala vacía, resuena como un latido y el eco me aturde, me retumba en el pecho y saltan mis lágrimas, lloro una vez más y grito y golpeo y así una y otra vez hasta que caigo cansada. Me quedo allí rota en el suelo, desahogada y dolorida, por dentro y por fuera, empapada en sudor. Guantes fuera. Intento recomponerme como puedo y camino así, arrastrando los pies, arrastrando el alma, de vuelta a la entrada de siempre y salgo casi triunfal, casi orgullosa, casi estúpida. Y allí se queda él, saco roto, le he vuelto a ganar, me he vuelto a ganar. Y sigo adelante.

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