jueves, junio 07, 2012

{ ninguna parte }

Me quedé allí. Cuando apenas quedaba vida, yo, me quedé allí.
Deje entrar al silencio y me hizo compañía. Deje entrar a la oscuridad y no volvió a marcharse.
Tengo miedo.
Veo el reflejo, las sombras de los colores que viven prisioneros de esta, mi pequeña prisión de metal suspendida. Un sol capturado por la mano del hombre, alumbra mi piel testigo del funeral al que hoy acude mi alma. Se que si empieza a sonar aquella nana, no tendré fuerzas para oponerme, todo volverá a inundarse. Mi particular orquesta se niega a tocar, pero mi mente embriagada y necia le ruega inconsciente. Rompe a golpes desde adentro, el estruendo de una sola nota, y aparecen las gritas, y se rompe el diamante, el titanio, como simple cristal. Y en el vació, pasa inadvertida la ocurrencia de mi absurdo. Mi condescendencia festeja solitaria el descolorido rubor de mis emociones, el abandono cruel y furtivo de mi irreemplazable inocencia, de mi fingida ignorancia.
No encuentro en esta noche, el incómodo bienestar de una caricia, ni la calidez que fallece en los abrazos, ni la sustancia que completa insolente. Pero si hay frió, viejo amigo y sucedáneo, que se queda y me abriga con mentiras, abismo e impunidad. Frío al que me entrego mientras mi mirada se pierde en ninguna parte, siento en ninguna parte y me ahogo, gritando en la nada, entre esta nocturna y agridulce soledad.

No hay comentarios: