lunes, julio 21, 2014

{ ¿qué eliges? }

Tras la fase de reconocimiento comienza una segunda fase donde lo habitual es que se de por hecho cierta confianza dentro de la cual los individuos ya no tienen por qué guardar las formas al detalle, no tienen por qué esforzarse al máximo, y es que, siempre por defecto, se entiende que ya se ha hecho suficiente para asegurar la permanencia del otro dentro del ámbito cotidiano y en el futuro más inmediato. 
   Con el paso de los meses iniciales se hacen visibles maneras que, quizás por miedo a un rechazo inicial, habían sido silenciadas en comportamientos tímidos o simplemente se van haciendo más notables con el paso del tiempo, chocando en ocasiones con la idealizada imagen preconcebida que se genera a causa de la liberación de hormonas durante las primeras semanas.
    Llega entonces la desilusión, la incomprensión o la incertidumbre en cuanto a dichas maneras y planteamientos que dan lugar a dudas. La llegada a esta tercera fase depende en todo momento de los conocimientos que tenga o tengan los individuos acerca de situaciones similares anteriormente vividas y sepan con antelación los posibles efectos de este principio de obsolescencia. Para subsanar dichos efectos y superar esta fase caben entonces dos posibilidades: la evolución conjunta o el rechazo. 
    La evolución conjunta consiste en propiciar nuevamente un esfuerzo por ambas partes. Sin anular al otro individuo, se debe ceder en aquellas posturas que generen conflicto hasta lograr la satisfacción mutua mediante el diálogo y la exposición de distintos puntos de vista que lleven a localizar el origen del conflicto para proceder a subsanarlo. No es correcta una evolución conjunta por imposición, ya que ambas partes deben tratarse como iguales durante todo el proceso. Si la evolución conjunta funciona progresivamente y sin pausa se llegará a la fase cuatro donde el desarrollo de nuevas fases se verá más condicionado por otros factores externos a la relación. (Ver más adelante)
    Por otro lado, está la posibilidad del rechazo. El rechazo surge en uno o ambos individuos cuando la evolución conjunta no da el resultado esperado o la disposición al progreso no es recíproca, llegando a un punto de no avance dentro de la relación interpersonal. Esto derivará, por norma general, en un bloqueo de las emociones positivas relacionadas con el otro, como una forma de protección y defensa ante las nuevas emociones negativas que se han ido generando al no haber resuelto los conflictos surgidos; y por último en el cese de la relación o en una disminución de su categoría.

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