martes, junio 19, 2012

{ ¿suficiente? }

si, de sobra.

lunes, junio 18, 2012

{ no puedo }

y entre miles de cosas en las que no puedo darte una bandera blanca, me descubro queriendo que luches. seré inconsciente. ¿no te parece una tragedia? quiero dejar de hacerlo, mas la costumbre me consume. sácame de aquí y no regresemos nunca. por favor.

domingo, junio 17, 2012

{ discrepo }

nadie te pidió que me salvaras.

martes, junio 12, 2012

{ anoche }

Soñé. Soñé contigo. Huíamos del peligro. Huíamos juntos.
Habíamos pasado el portón desgastado y cubierto de ramas tristes y viejas. Nos perseguían. 
Estabas a mi lado, y a pesar de que todo estaba oscuro y la noche moría sin fin, mi temor era contradictorio.
Corríamos sin parar a través de aquel bosque sin arboles repleto de hojas de otoño. Nos observaban.
Los nervios crispaban mi piel junto con el viento que atravesaba mi camisón. Me costaba respirar sin ahogarme, y te pedí que me dieras la mano. Tu parecías tan seguro.
Nos paramos en seco, y meditaste confuso un segundo, intentando encontrar solución a mi petición. Me miraste a los ojos y en un gesto tímido, no volviste a soltarme.
Todo pasó y no pasó nada, mas te quedaste conmigo.

sábado, junio 09, 2012

{ dices que quieres pintar calcetines }

no va a funcionar, es como si me pusiera unos zapatos en los que no me siento cómoda. lo siento.

jueves, junio 07, 2012

{ ahí }

Ahí donde la ves, se rompe al contacto con los latidos de tu corazón. Está intentando atraparte, está intentando que la sigas, que juegues con ella, que la arregles. Te está pidiendo, a gritos muertos en el silencio, que la mires a los ojos y le enseñes a creer. Te pide que le devuelvas los sueños e ilusiones que otros de robaron sin emplear la fuerza, que le enseñes a volar. Ahí donde la ves, se pudre al pensar que nadie se ha percatado de su presencia, y se culpa por apartar de su lado a aquellos que alguna vez lo intentaron. Mas tu no debes sentir miedo, no debes dejarla ir, por que ella, ahí donde la ves, te ha permitido entrar a contemplar su obra, su alma. Te ha iluminado para que la lleves de la mano a través de tu oscuridad, de tus miedos, de tu pasado. Te ha elegido para que entres y la lleves lejos de ahí.

{ drums }

Me hallé pedida siguiendo a un fantasma como agonía que persigue aun moribundo.

{ noches de balcón }

Una vez más se humedecen tus ojos princesa. Grita a mares tu mirada, mientras guarda silencio tu boca, el mundo cae y presiona tu garganta, se ahoga tu respiración sin agua y se hunde tu pecho en el abismo del anochecer. Una vez más, te has quedado sola, no hay blancos corceles, ni siquiera monstruos contra los que luchar fuera de tu conciencia. Solo queda tu piel, fría y pura, agujereada por los sueños rotos e ilusiones desgastadas. Vas envuelta, cual absorto presente, en esa sabana vieja con la que te refugias del viento mientras contemplas desalmada el horizonte, desde tu pequeña y humilde fortaleza, en un intento por no fallar a tu esperanza. Allí, te rompes desoladora, abandonando tu cuerpo en busca de algún mundo donde no has estado jamás. Allí lloras hoy princesa, por que nadie esta contigo pues no saben donde estás.

{ ninguna parte }

Me quedé allí. Cuando apenas quedaba vida, yo, me quedé allí.
Deje entrar al silencio y me hizo compañía. Deje entrar a la oscuridad y no volvió a marcharse.
Tengo miedo.
Veo el reflejo, las sombras de los colores que viven prisioneros de esta, mi pequeña prisión de metal suspendida. Un sol capturado por la mano del hombre, alumbra mi piel testigo del funeral al que hoy acude mi alma. Se que si empieza a sonar aquella nana, no tendré fuerzas para oponerme, todo volverá a inundarse. Mi particular orquesta se niega a tocar, pero mi mente embriagada y necia le ruega inconsciente. Rompe a golpes desde adentro, el estruendo de una sola nota, y aparecen las gritas, y se rompe el diamante, el titanio, como simple cristal. Y en el vació, pasa inadvertida la ocurrencia de mi absurdo. Mi condescendencia festeja solitaria el descolorido rubor de mis emociones, el abandono cruel y furtivo de mi irreemplazable inocencia, de mi fingida ignorancia.
No encuentro en esta noche, el incómodo bienestar de una caricia, ni la calidez que fallece en los abrazos, ni la sustancia que completa insolente. Pero si hay frió, viejo amigo y sucedáneo, que se queda y me abriga con mentiras, abismo e impunidad. Frío al que me entrego mientras mi mirada se pierde en ninguna parte, siento en ninguna parte y me ahogo, gritando en la nada, entre esta nocturna y agridulce soledad.

{ el dijo }

"la libreta la puedes perder"